© Patricia Karina Vergara Sánchez
pakave@hotmail.com


DOCUMENTOS DE PENSAMIENTO LESBOFEMINISTA

Cuando quiero decir lo que miro en mi realidad cotidiana, me busco en un lugar distinto. Yo que hablo una lengua en femenina, nos reconozco, me reconozco en la ovarimonia, en la palabra dada por las mujeres a partir de la experiencia que pasa por nuestras cuerpas y desde nuestros pensamientos y ejercicios reflexivos, aquella que no necesita ser validada desde la lógica y la razón que rigen hoy a un sistema mundo que no es nuestro.


martes, 8 de agosto de 2017

SOBRE AMOR ROMÁNTICO, LESBOFEMINISMO Y FORMAS DE LESBOFOBIA

Patricia Karina Vergara Sánchez
pakave@hotmail.com

1.-Cuando hablamos del amor romántico, hablamos de una construcción social que desde hace unos cuatro-cinco siglos viene sirviendo para edulcorar las relaciones de apropiación del cuerpo de las mujeres para labores domésticas de cuidado y crianza y que, además, sean adornadas con la cintilla rosa de que todo ello lo hacemos por amor. Y por amor, el amor romántico, los hombres se convierten en el caballero del cuento -según los recursos a su alcance- el proveedor y rescatador de la princesa. Y, por amor, la princesa -según los recursos a su alcance- se “entrega”, se "sacrifica" y “luchará” por ese amor. Por amor se renuncia, por amor se espera, el amor todo lo puede. Por amor, las mujeres vemos en otras a posibles rivales -incluso a la suegra y a la cuñada- no nos aliamos, disputamos por quién habrá de ser la elegida, la más querida, la preferida, aunque sea simbólicamente, aunque el varón no esté presente. El amor romántico es la construcción de las mujeres en la competencia, en la enemistad, el sujeto que busca ser “la deseada". La princesa elegida y rescatada de las fauces del dragón. Tiene ese amor, así, a las mujeres sometidas al cuento de la heterosexualidad obligatoria y al sueño de corresponder al príncipe azul para siempre. Ese es el amor romántico que las feministas y lesbofeministas criticamos. 
El amor como opio de las mujeres, diría Kate Millet.
2.-Las rosas, los nombres de pastel o la cena a la luz de las velas no son el amor romántico, aunque le sirven muy bien de parafernalia al amor romántico. 
Las rosas no son las culpables de la manipulación, pero, además de ser una industria muy provechosa, cuánto sirven, por ejemplo, para “marcar territorio” al mandarle rosas a una mujer en su espacio laboral, cuánto sirven para hacerse perdonar, cuánto para simbolizar ese amor de renuncia.
El nombre de pastel, los nombres privados, puede bien ser un juego, pero cuando llama en diminutivo, cuando es posesivo y monogámico, cuando infantiliza, qué tipo de subjetividad dentro de las relaciones va construyendo. 
Las velas y la cena sazonada no son el problema en sí, si no lo que se construye alrededor del cliché, la expectativa, la exigencia, el chantaje o la obligatoriedad de responder de tal o cual manera a la luz de esa vela. 
El viaje, la noche estrellada, la tarde en el parque o la herencia y las cuentas de banco a nombre del beneficiario no son el amor romántico, pero sí algunas de las posibles herramientas de control que le sirven bastante bien.
3.-Por otro lado, las relaciones no heterosexuales, aquellas que buscan emular el modelo heterosexual, también están plagadas del amor romántico, por supuesto. Es más, los discursos LGBT parecen competir por el nivel de toxicidad dulce romántica que pueden esgrimir, pareciera que para ser “aceptades”, “incluides”, “reconocides” en la “diversidad”, es necesario demostrar cuan similares o incluso más apegades al modelo romántico se puede resultar. 
Es decir, no es una alianza ni amor de aquellos que resisten al régimen heterosexual, si no de parejas que se esfuerzan por demostrar cuan funcionales al modelo de sumisión y abstraídos une en otre se puede resultar y ahí tenemos a la “comunidad” diversa desesperada por demostrar que puede tener bodas de ensueño, casas hermosas y criar niños y niñas, perros y gatos respondiendo a los moldes más disciplinantes y melosos del amor romántico.
Un par de décadas de críticas sobre ello ya están escritas. 
4.- Las lesbianas, por supuesto que repetimos el ideal romántico, Siempre recuerdo aquella obra primera “El Pozo de la Soledad” donde la protagonista “deja ir” a la amada para que pueda tener un hijo y un esposo y toda la vida que ella no le pude dar…y de ahí a L Word y a todas las series y obras contemporáneas que modelan nuevas generaciones de consumidoras de amor romántico (y modelos de vida colonial de paso). El amor romántico aquí se repite porque no es alianza política entre las protagonistas de tantas historias, si no encuentros que responden a los modelos ya establecidos de ese amor.
5.-Todas estas reflexiones, sin detenernos a profundizar, además, en que el amor romántico implica, también, formas de violencia que van de la manipulación y el chantaje al feminicidio, no como otra cara de la moneda, si no como material continuación de la relación romántica en donde une es propiedad de otre…
6.- Dicho y teniendo presente lo anterior, preciso que hablo desde otro punto: cuando dos o más mujeres que dada sus anatomofisiología al nacer fueron destinadas a poner sus afectos, servicios y cuidados en la heterosexualidad obligatoria y que se han rebelado a ello, se relacionan entre sí, negándose al cuento del amor romántico; cuando esas mismas mujeres no se someten al cuento de la familia feliz en la diversidad sexual; cuando desde un lugar de desobediencia política estas mujeres construyen proyectos -sexuales o no- en conjunto y se declaran afecto, amor y/o ternura entre ellas, entonces, no se trata de un amor romántico. Es, exactamente, el amor desde el desacato a la sumisión de unas y otras, es el amor insumiso a la forma de amor construida en el patriarcado.
7.- Entonces, que miradas desde la heterosexualidad o pseudo críticas vengan a decir que debemos renunciar a proponer el amarnos entre mujeres, al amor entre mujeres, a dejar de hablar, escribir o versar sobre la forma en que nos amamos porque es caer en el romanticismo… Desde la hegemonía vienen a decir por qué deberíamos silenciar nuestras manifestaciones. ¡Ja! Se llama lesbofobia y no es nada nuevo ni crítico.
8.-El patriarcado, ha hecho un gran trabajo, esmerado, por mostrar lo imposible que es el amor entre mujeres, las múltiples formas de amor entre mujeres. Sería demasido largo un recuento de cuántas veces y en qué formas han intentado invisibilizar nuestras reflexiones, borrar o disimular nuestras escrituras, eliminar nuestros nombres. 
Sin embargo, caray, algo muy poderoso debe de haber que aún con su censura, aún con el patriarcado convertido en soldaditos a su servicio, vigilantes de lo que hacemos o decimos, no logran arrancarnos la ternura que sentimos entre nosotras.
9.- No estamos exentas de caer en discursos románticos, en tanto humanas y en tanto habitantes y receptoras del discurso hegemónico, cierto. Sin embargo, dado que el amor lésbico, dado que el amor entre mujeres -sexual y no sexualmente explícito- sigue siendo un tema sancionable-censurable criticado por las mentes más conservadoras, intentado convertir en mercancía por las industrias y, aún, intentado silenciar por las vocecillas del patriarcado progre; sumado todo ello a que seguimos necesitando el rescate de genealogías y la gestión de referentes de nuestras ternuras y amores desobedientes:
Seguir hablando, escribiendo, dibujando, creando desde nosotras, entre nosotras, para nosotras y de nuestras formas de amarnos es un acto de radicalidad política necesario.
Por lo tanto, si alguien le incomoda: quítese, no estorbe que estamos ocupadas.

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