© Patricia Karina Vergara Sánchez
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DOCUMENTOS DE PENSAMIENTO LESBOFEMINISTA

Cuando quiero decir lo que miro en mi realidad cotidiana, me busco en un lugar distinto. Yo que hablo una lengua en femenina, nos reconozco, me reconozco en la ovarimonia, en la palabra dada por las mujeres a partir de la experiencia que pasa por nuestras cuerpas y desde nuestros pensamientos y ejercicios reflexivos, aquella que no necesita ser validada desde la lógica y la razón que rigen hoy a un sistema mundo que no es nuestro.


miércoles, 30 de agosto de 2017

ATENTO AVISO Y PARTE I

Estoy cumpliendo cuatro años impartiendo la asignatura “violencia de género” a terapeutas; el año pasado me formé en victimología y este semestre comienzo a impartir esa asignatura, también; la propuesta de “Desterrar Fantasmas”, escrituras de mujeres sobre violencias vividas, lleva ya tres años de existencia con 16 procesos completos en Ciudad de México, más ocho ediciones intensivas en distintos países; Igualmente, hace dos años de forma privada y hace un año públicamente, vengo acompañando a mujeres quienes hemos sobrevivido a violencias sexuales de otras mujeres.

Este “curriculum” lo narro porque he venido reflexionando hace tiempo sobre cómo muchas de las lecturas, estudios e incluso propuestas de intervención sobre violencia son tremendamente patriarcales, revictimizadoras y corresponsabilizan a quien ha padecido el daño de las acciones cometidas por otres. Nuestra sociedad pone, en general, la búsqueda de justicia, la sanación y la cohesión comunitaria en los hombros de quien ha sido herida dejando de lado los procesos psíquicos y necesidades que implica el trauma. Incluso, ignorando el trauma mismo.

En tanto, hay cientos de trabajos y esfuerzos por separar la acción violenta de quien realiza esa acción, así como por comprender y empatizar con quien hace el daño, lo que sumado a la naturalización de la violencia y a la corrupción de los aparatos legaloides en esta región del mundo, garantizan la impunidad casi total y la reproducción del daño, la asimilación hacia vivir eternamente entre quienes dañan y asumiendo el daño como inevitable; construyendo así comunidades enteras en la violencia y la protección a quien violenta.

Escribo esto desde la conciencia de estar en el país en donde se asesina a una mujer cada tres horas y en donde cada una de las mujeres con las que convivo y trabajo ha expresado explícitamente haber sobrevivido a diferentes manifestaciones de la cultura feminicida imperante.

Sobre estos temas, hace tiempo quiero escribir algún ensayo o artículo, por si llega a ser de utilidad a alguna de las que me lee, por si pudiera hacerle algún sentido. Por si aporta a la tarea de desnaturalizar las violencias e idear comunidades en donde no sean toleradas, ni disculpadas, ni olvidadas.

Sin embargo, el trabajo diario me hace posponer esta tarea una y otra vez. Así, que he ideado una manera de auto obligarme a escribir y de comenzar ese trabajo, aun cuando sea de poco a poco. Por ello, me comprometo a que cada miércoles, subiré en mi blog, Ovarimonia, y en mi página de Face cuando menos un par de párrafos que abonen a la construcción de ese ejercicio reflexivo y con el deseo de que estos párrafos se enriquezcan con aquello que alguna quisiera aportar. Un ensayo escrito en público, a ver cómo sale.

Hecho este aviso-anuncio.

Comienzo con la parte primera:

VIOLENCIA

I
Patricia Karina Vergara Sánchez

Violencia es una palabra que etimológicamente parte del latín “Vis”, que significa fuerza o presión y de “olentus”, que se refiere a abundancia o exceso. Es decir, la violencia es un uso excesivo de fuerza o presión.

Para que la violencia ocurra, es necesario que quien violenta tenga, aun cuando sea de forma transitoria, algún tipo de fuerza física o moral o, bien, un instrumento tangible o intangible que permita hacer presión, imponer. Es decir, quien violenta posee alguna forma de poder respecto a quien recibe la violencia.

Hay una observación que me interesa hacer a partir de esta primera definición:

La violencia se lee desde la desigualdad de poder que posibilita esa violencia y desde la acción a partir de ese poder. Esto es, si alguien se presenta ante otra persona y la hiere, está violentándola, si la persona violentada le empuja, le rasguña o le muerde para defenderse, es eso, un acto de defensa o de autodefensa.

La distinción entre las nociones de violencia y autodefensa no es poca cosa, tiene dimensiones políticas.

Al Estado y al sistema patriarcal les conviene bastante llamar violencia a todo acto de enfrentamiento porque así difumina la línea que permite ver en dónde está el poder, las relaciones de poder y qué implican esos abusos d poder.

Un primer ejemplo: es muy conveniente para el patriarcado, cuando tras una situación de violencia en una pareja, una termina con la nariz rota y el otro con rasguños en el rostro y ante el suceso, las personas alrededor, incluso en instituciones que se supone abordan el problema, leen o señalan que “ambos se violentaron”.Probablemente hasta los familiares y les protagonistas de la situación repitan el discurso de aceptación de violencia por ambos lados.

El no leer cuáles heridas ocurrieron de forma defensiva y cuáles de forma ofensiva tiene consecuencias que invito a reflexionar:

1.- Impide ver la desigualdad de poder y las situaciones que dinamitan que una de estas personas tuviera que defenderse.

2.- Al invisibilizar la necesidad de defensa, perpetúa los vínculos, con la imagen falsa de que “están en igualdad de circunstancias”.

3.- En el siguiente episodio de violencia, quien tiene que defenderse, además, puede restringirse tratando de contener aquella “violencia” de la cual le hicieron creer que era responsable y esta restricción, pone en peligro su integridad física y su vida.

Segundo ejemplo: Cuando los aparatos de Estado reprimen una manifestación social, los medios difundirán que hubo un enfrentamiento violento entre quienes se manifestaban y los cuerpos represivos. Habrá imágenes de participantes lanzando piedras, bombas molotov, portando un machete o rompiendo un cristal y la lectura social será “¡Qué violencia!”. Sin embargo, un análisis de las relaciones de poder nos permite conocer que, generalmente, las manifestaciones sociales responden ante violencias- imposiciones y abusos de poder del Estado, de las cúpulas del poder político y económico-, es decir son reacciones ante violencias concretas.

En estos contextos, quienes tiene la tarea de reprimir físicamente portan uniformes de protección, armas, escudos, tecnología a su disposición y bastante inmunidad para las prácticas que comentan. Quienes participan de los disturbios no cuentan con esos elementos y es mucho más probable que terminen herides en prisión.

Basten, por ahora, estos dos ejemplos, para ilustrar cómo es conveniente políticamente para los sistemas opresivos que nos cueste distinguir entre violencia y defensa,

Concluyo, hoy, este primer texto introductorio.

Violencia, no es lo mismo que defensa y autodefensa, violencia es siempre un uso excesivo o abuso de fuerza o de poder.

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