© Patricia Karina Vergara Sánchez
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DOCUMENTOS DE PENSAMIENTO LESBOFEMINISTA

Cuando quiero decir lo que miro en mi realidad cotidiana, me busco en un lugar distinto. Yo que hablo una lengua en femenina, nos reconozco, me reconozco en la ovarimonia, en la palabra dada por las mujeres a partir de la experiencia que pasa por nuestras cuerpas y desde nuestros pensamientos y ejercicios reflexivos, aquella que no necesita ser validada desde la lógica y la razón que rigen hoy a un sistema mundo que no es nuestro.


miércoles, 11 de enero de 2017

HETEROINFILTRADA

REFLEXIONES, ACERCÁNDOSE EL DÍA DE LA LESBIANA CONVERSA, 13 DE ENERO.


(Hablemos de heteroinfiltradas)



El patriarcado, como sistema de supremacía masculina, utiliza el cuerpo de las mujeres, -es decir, de aquellas a quienes clasifica por su presunta capacidad paridora-, para obligarnos mediante diferentes formas de coerción, violencia y propaganda a realizar los trabajos reproductivos, de cuidado y de servicio que permiten funcionar al sistema de producción y, como importante estrategia de control, nos atomiza y enemista a las mujeres a fin de hacernos competir para ser poseídas/reconocidas por uno o varios varones -el novio, el jefe, el maestro, el amigo, los asistentes a una fiesta, los hombres en una sala…-, lo cual define nuestro lugar social dentro de este sistema, evita que nos organicemos entre nosotras y garantiza nuestro trabajo gratuito de cuidados hacia los hombres en nombre de aquello que el sistema llama “amor” (el amor romántico y heterosexual).
las propuestas políticas lesbianas son, entonces, desafiar todos los mandatos patriarcales y privilegiar las relaciones de las mujeres con otras mujeres, el amor entre mujeres (distinto al heterosexual y en la búsqueda de no romantizarlo). No solamente como una práctica de lo erótico y afectivo, si no como un reconocimiento de las otras, hacia la vida y las necesidades de las otras. Aquí podemos convocar el trabajo de Adriene Rich quien creo el concepto de "continuum lesbiano" en 1980 para explicar todas aquellas experiencias de las relaciones entre mujeres de amistad, de afecto, de cuidados, de ternura y de sostenimiento mutuo, hasta llegar a las relaciones lésbicas como desafío total al mandato sobre nosotras. Esta propuesta es política porque propone subvertir el orden establecido en el patriarcado, lo cual, desde mi punto de vista implica, arrebatar el cuerpo de las mujeres, de primera instancia, al trabajo de cuidados hacia el sistema y compartirlo hacia nosotras mismas, eso golpea contra las bases mismas que sostienen económica y socialmente este sistema.
Sin embargo, nombrarse lesbiana sigue teniendo costos tremendos en las sociedades occidentalizadas, por lo que llegar a ese lugar político implica un proceso de descubrimiento de la posibilidad lésbica, para algunas de nosotras, incluso de descubrir que la palabra existe y más aún de que podemos apropiarla. Por ello, un grupo de mujeres mexicanas, entre ellas Luisa Velázquez han acuñado el término “lesbiana conversa” y ella explica: “Una lesbiana conversa es una mujer que se creía “naturalmente” heterosexual y que luego de hacer una reflexión feminista sobre la existencia de un sistema patriarcal y heterosexual (esta reflexión no es teórica, es cotidiana, vivencial, y no siempre lleva esas palabras), comienza a dudar de todo lo que el sistema hizo de ella en su mente, en su cuerpo, en sus emociones, y decide arrancarse la idea de que nació “orientada” a darles servicios a los hombres, así que prioriza sus relaciones amorosas con otras mujeres y se convierte en lesbiana. Cuando digo que se convierte en lesbiana me refiero a que la lesbiana conversa deja de desear a los hombres, deja de soñar una vida a su lado, deja de aspirar a ser la mujer que dijeron que debía ser. Cuando digo que prioriza sus relaciones entre mujeres me refiero a que saca uno a uno cada hombre de su vida y en cambio dialoga, trabaja, ama, desea, quiere, sueña, construye utopías, resiste, crea y se relaciona solo con otras mujeres. Debo aclarar que la lesbiana conversa no es una mujer que por un momento vive una relación erótica o afectiva con otra mujer y luego regresa con los hombres, ni tampoco aquella que considera que tiene una sexualidad fluida, bisexual o pan sexual y sigue creyendo que los hombres son imprescindibles en su vida, no, en esos casos no hablamos de lesbianas conversas ni de lesbianas. La lesbiana conversa, en cambio, es una mujer que se atrevió a dejar de ser para ellos, así que sepulta día con día su construcción heterosexual, pero ojo, esto es sin vuelta ni retorno, por eso hablamos de que se convirtió en lesbiana, porque no era lesbiana, pero se ha convertido en una o se está convirtiendo, en cada poro, en cada idea, en cada centímetro de su existencia”
Toda mujer puede hacer este ejercicio feminista de autoreconstrucción política. Es cierto, toda mujer puede ser lesbiana. Sin embargo, es preciso acotar, siguiendo lo expuesto por Luisa Velázquez, que no toda mujer que tiene prácticas eróticas con otras mujeres está participando de la propuesta lésbica, no es una lesbiana conversa. 
Me refiero a algunas mujeres que se dicen “experimentando” o “descubriendo” su posibilidad lésbica, y buscan relacionarse con aquellas que a su vez tienen relaciones establecidas con otras compañeras, monógamas o no, buscando irrumpir en esas relaciones -lo logren o no-. Lo que subyace en esos gestos es una profunda lesbofobia, el terror intrínseco de dejar la heterosexualidad. Intentan demostrar que las relaciones lésbicas no son tan firmes o agradables o “tienen los mismos problemas que las heterosexuales” o son más “frágiles” y para demostrarlo ponen su propio cuerpo. Triste ejercicio. La propuesta política lésbica no es meramente el intercambio sexual con otra mujer, implica una ética política de amor entre mujeres, en plural, es decir entre todas las mujeres de un determinado entorno, no sólo aquella con la que se construye deseo. Cuando una mujer se relaciona con otras desde la competencia y desde la falta de reconocimiento y cuidado de las que participan de un entorno, no está relacionándose de una manera lésbica, si no que está llevando la lógica patriarcal a los espacios de convivencia lésbicos, atomizando y creando conflictos entre las lesbianas. No es una lesbiana conversa, es una heteroinfiltrada. 
Me refiero, también, a aquellas que participan en los espacios lésbicos, reciben afecto, cuidados, participan de las discusiones, se allegan material y reflexiones lésbicas, pero por la tarde vuelven a casa a buscar al novio-marido-amante-amigo queer o heterosexual y le comparten lo que del espacio lésbico han obtenido, es el heteropatriarcado infiltrado.
Me refiero, igualmente, a la académica “amiga” de las lesbianas que se apropia de todo lo que les escucha discutir, de lo que lee en nuestros materiales teóricos, lo digiere, le quita la radicalidad lésbica y lo publica o lo difunde con sus “matices”, aclarando que ella no es “tan radical” o no es tan “odia hombres” como nosotras. Ese es el heteropatriarcado apropiándose de nuestros saberes.
Puedo enumerar otras formas de infiltración, pero no es el fondo del punto al que quiero llegar, por ahora me interesa reflexionar: Sí, todas podemos ser lesbianas, pero no cualquiera se compromete políticamente para llegar a serlo, a dejar de servir al patriarcado heterosexual. Ese es un punto que pretendo poner en la mesa de discusión, cómo nos acompañamos y acompañamos lésbicamente el proceso de politización de tantas lesbianas conversas que ahora despuntan con una sonrisa de irreverencia, mientras, al mismo tiempo, somos capaces de mirar sin buenismos ni abnegaciones ni amiguismos, con honestidad, a quienes encarnan al heteropatriarcado infiltrado en nuestros espacios…

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