© Patricia Karina Vergara Sánchez
pakave@hotmail.com


DOCUMENTOS DE PENSAMIENTO LESBOFEMINISTA

Cuando quiero decir lo que miro en mi realidad cotidiana, me busco en un lugar distinto. Yo que hablo una lengua de mujer, nos reconozco, me reconozco en la ovarimonia, en la palabra dada por las mujeres a partir de la experiencia que pasa por nuestras cuerpas y desde nuestros pensamientos y ejercicios reflexivos, aquella que no necesita ser validada desde la lógica y la razón que rigen hoy a un sistema mundo que no es nuestro.


martes, 23 de mayo de 2017

LLAMADO LESBOFEMINISTA

Patricia Karina Vergara Sánchez
Pakave@hotmail.com

Este mensaje es para recordarles y/o contarles a otras afines, que mis compañeras de la colectiva Lunas, Lesbofeministas y yo, estamos trabajando políticamente a partir de un análisis teórico político de los sujetos producidos por esta era y su lugar en el sistema de producción y consumo.
Reconocemos cómo los cuerpos sexuados sobre los que se presume que tienen, han tenido o tendrán capacidad paridora[1] son confinados al trabajo productivo y reproductivo que sostiene económicamente al sistema-mundo. Esto es, que además del trabajo en el mercado de producción, desde recién nacidas y sexuadas se nos confiere el trabajo de cuidados, limpieza, atención, servicios sexuales, de afecto y de crianza que son los que sustentan materialmente la vida cotidiana y el trabajo en los sistemas contemporáneos de producción industrial y postindustrial.  
Para con-vencernos de hacer este trabajo, incluso de forma alegre, comprometida y tiernamente, se nos ponen lo grilletes que llamamos “heterosexualidad obligatoria” y “amor romántico”; se nos construye rivales y en aislamiento a unas de otras para que no podamos organizarnos ni resistirnos y se imponen tremendas violencias cotidianas como efectivas pedagogías para el sometimiento que nos convierten en las servidoras ideales de este sistema.
Desde la reflexión lesbofeminista apostamos por una rebelión material y concreta a estos servicios, nos convocamos al afecto y cuidado entre nosotras y a la creación de estrategias que nos liberten de los grilletes y de las lógicas que nos apropian, llámense apropiación individual con los servicios de cuidado o apropiación colectiva como ocurre en los mercados de trabajo o en los mercados que cosifican nuestros cuerpos, nuestros dolores, saberes o experiencias y los convierten en productos comerciables.
Para poder organizarnos es necesario encontrarnos con otras que comparten el reconocimiento de este lugar estructural y que comparten, también, la rabia digna insumisa que se niega a la apropiación de nuestros cuerpos y de nuestras vidas.  Por ello, nos llamamos a estudiar, debatir, crear alianzas y accionar.
No nos basta la resistencia, es preciso transformarlo todo.
Si te interesa saber más sobre nuestro proceso lesbofeminista, nos vemos este domingo 28 de mayo de 2017.




[1] Cuerpa con presunta capacidad paridora, tomado de: https://www.laquearde.org/2017/01/07/sin-heterosexualidad-no-hay-capitalismo-karina-vergara/

viernes, 28 de abril de 2017

LA CARNICERIA

©Patricia Karina Vergara Sánchez
pakave@hotmail.com

Desde donde yo sé la historia, es desde lo que pasó con la abuela Berta, pero seguro que más antes habían pasado otras cosas, sólo que esos sucesos no me los refirió nadie. Entonces, te cuento desde aquí y rapidito -que se acaba el tiempo-, al menos eso tienes que saberlo, de cómo fue con la abuela Berta y lo que vino después:

Ella había recién parido a mi tía Silvita. Vino el patrón, ella no alcanzó a cubrirse con el rebozo y él vio esas tetas repletas de leche. Se llevó a la abuela Berta para que le amamantara al hijo. Que a la Silvita le dieran atole o cualquier cosa pa´ que comiera, ¿a quién importaba? 

No vayas a creer que el patrón era un salvaje, no. No se la llevó a la fuerza, la abuela Berta cuenta que dijo que sí porque le darían un montón de pesos y porque quién dice que no al patrón.

Cuando el niño Robertito, el hijito del patrón, dejó de necesitar nodriza y quien lo meciera y le limpiara la caca, regresó la abuela Berta a la casa. Traía medio herido el corazón porque dejaba al niño Robertito -que ya lo quería como suyo- y porque la tía Silvita ya no la reconocía y, la verdad, Berta tampoco se hallaba con ella.

Ya nadie se acuerda de qué hizo la abuela con el montón de pesos que dice que le dio el patrón. Ella, a veces, trata de recordar y se imagina que pudo mandar poner el cobertizo de las gallinas que se cayó en el año cuando fue la tormenta grande, esa que dejó tanto destrozo.

Cuando Silvita cumplió los 9 años, vieron los patrones que era buena para el trabajo y se la llevaron para que en la casa de ellos trajera el agua, barriera, trapeara y se acomidiera. La patrona, encantada, siempre exclamaba: ¡Es de piernas fuertes, la muchacha, nunca se cansa! 

No vayas a creer que la obligaron, la tía Silvita se fue porque le ofrecieron sus buenas quincenas, también porque le dijeron que comería de la mesa del patrón y porque la familia necesitaba el dinero y porque quién le dice que no a la patrona.

Cuando Silvita se hizo vieja y se cansaron sus piernas que nunca se cansaban, la mandaron de regreso a casa y no comió más las sobras de la mesa que no le pertenecía.

Con lo que ahorró Silvita, de sus buenas quincenas, compraron una máquina de coser para su hija Florencia que se hizo costurera y ayudaba a los gastos de la casa mediante los vestidos que les cosía a las hijas de las señoras que podían pagarlos. -Vestidos bonitos de verás-, y, vieras, ponían re contentas a las niñas blancas del pueblo.Cuando tenía 17 años, la prima Sol decidió que no se acabaría sus ojos, como se acabaron los de su hermana Florencia, cosiendo para otros, ni serviría en la mesa de la señora, que las maltrataba tanto. Ella había escuchado a alguien en la ciudad que le dijo que sólo tenía que vestirse linda, sonreír y compartir alegres caricias. Con eso, ganaría mucha plata. 

Robertito, que en ese tiempo ya lo conocíamos como Don Roberto, la visitaba muy seguido. 

No vayas, mi niña, a creer que era malo Don Roberto con ella, no. La gente cuenta que a otras en la ciudad les pegaban o les hacían cosas malas, pero de Don Roberto y otros señores, dicen que a Sol le dejaban bien buenas propinas. 

Todo fue hasta que los senos de mi prima dejaron de oler a fruta fresca y sus caricias dejaron de ser bien pagadas por Don Roberto y por sus amigos. Los del negocio encontraron otras favoritas, dicen que bien jovencitas, casi niñas. 

Nadie sabe qué pasó con toda la plata que cuenta Sol que ganó. Ahora trabaja en la maquila y sigue sin poder decir que no, a las órdenes del patrón.

A mi hermanita Frida, le dijo Don Roberto que era bien lista, que la iba a mandar a la escuela, para que aprendiera y para que se superara. Toda la familia estaba tan agradecida. Qué considerado y grande era nuestro amigo Don Roberto que apoyaba a la niña en sus estudios. Ella estudió retemucho, se esforzaba más que ninguna. Sacó buenas calificaciones y mención honorífica cuando acabó la escuela. Ella quería irse a otro país y estudiar otras cosas, pero Don Roberto necesitaba alguien leal en su empresa, ¿cómo decirle que no, si fue siempre tan generoso? Frida lleva las cuentas, les enseña a los hijos de Don Roberto, que son rete flojos, cómo hacer las cosas para que sigan ganando dinero. Frida no viaja, ni ve a su madre, ni sonríe porque de tanto trabajo nunca tiene tiempo de nada. Pero agradecida sí está porque Don Roberto le ha dado tanta oportunidad.

A Lucia, la hija de Florencia, le ofrecieron un dineral por llevar en la panza un hijo para unos señores de otra parte del mundo que podían darse el lujo de un capricho de esos -un niño mandado a nacer, por contrato-. Ella se nos murió con un hijo que no era suyo atorado en su útero en ese mal parto.

Nadie dio ni el dineral prometido ni tantito consuelo a los niños que sí eran de ella.

Tampoco, nadie la obligó a Lucia, tienes que ver eso, había dicho que sí porque era madre soltera con tres chicos y, así, quién dice que no a un cheque bien gordo -ése que supuestamente le darían, pero no llegó- y porque quién dice que no, si, según, esa es una forma de ser libre, dicen las convincentes nietas universitarias del patrón.

¡Ay, hijita mía, mecida en estos abrazos míos!, ¿qué será de ti? 

Todo lo tuyo les apetece: tus senos, tus piernas, tus ojos, tus manos, tu sonrisa, tus caricias, tu vagina, tu mente, tu vientre, ve tú a saber qué más…No tienen llenadero, siempre quieren más. 

Se relamen mirándote desde apenas nacida. Afilan los dientes y los cuchillos como cuando ellos mandan engordar a un pequeño lechón para la fiesta. El día en que te parí alguien puso fecha para el día en que querrán atraparte. 

Nos vienen devorando hace tiempo. No sé para dónde podrías fugarte, no sé en dónde estarías a salvo. Como las vaquitas del abuelo de Don Roberto, nacimos ya en cautiverio y no sabemos para dónde queda la libertad. Si nos abren la puerta nos desorienta el destello del sol. 

Tampoco tengo nada para heredarte, nada que te puedas llevar, ni tengo un mapa ni plan de escape para ti. Sin embargo, así y todo, te lo tengo que pedir: ¡huye, hija, vete, a dónde sea! 

¡Tienes una única oportunidad! ¡Intenta, intenta, busca ponerte a salvo de su mandíbula cruel!… ¡Corre!, ¡corre!, ¡corre! No hay tiempo, que ya vienen a buscarte a ti. Si no escapas ya, te van a atrapar… 

Vete, te lo ruego, vete, ¿qué vamos a hacer?, ¿quién puede detenerles?, ¿quién puede decirles que no?

miércoles, 5 de abril de 2017

¿QUÉ HACE ESE HOMBRE EN EL VAGÓN DE MUJERES EN LA CIUDAD DE MÉXICO?

Patricia Karina Vergara Sánchez

pakave@hotmail.com


Una escena cotidiana: un día laboral cualquiera, en la mañana, cuando tanta gente se desplaza para llevar a cabo sus labores diarias. En la sección de insuficientes tres vagones del metro o del espacio del metrobús destinado exclusivamente a mujeres, niñas, niños y personas con discapacidad, viaja un hombre. Probablemente sea de piel morena, como la mayoría de las usuarias del transporte; puede ir de pie o sentado, poco importa cómo se coló. 


Tampoco importa si viste una playera con estampado infantil o una camisa planchada y corbata. Está ahí mientras otras usuarias, muchas de ellas portando zapatos de tacón o con bebés en brazos no pueden acceder porque no queda espacio para ellas. Está ahí, también, aunque sobre espacio. No hablo del acosador que mira, dice o toca obscenamente, aun cuando también puede serlo, hablo del hombre que insiste en estar en esa zona. No importan las condiciones o interpelaciones, permanece.


¿Qué impide a muchas de las pasajeras confrontarlo? ¿Por qué tantas guardan silencio ante su presencia en un espacio destinado a las mujeres?, ¿por qué casi nadie hace patente que esa es una zona que con tanto trabajo han obtenido quienes trabajan por acciones afirmativas y que no ha sido una amable concesión del Estado, sino una necesidad para miles de trabajadoras, estudiantas, y mujeres de actividades varias que nos trasladamos a diario y que necesitamos paliar, aunque sea un poco, el tener que sobrevivir entre palabras, miradas, tocamientos y otras violencias que ocurren sobre nuestros cuerpos en esta ciudad en donde el acoso y la agresión sexual parecen ser algo “inevitable” porque ocurren constantemente?

Responderé: Ese hombre ocupa un sitio en el vagón de mujeres porque puede. Porque la violencia siempre es un ejercicio de poder[1]. Su presencia en el vagón de mujeres es una forma de violencia que podría parecer pasiva, pero no lo es, se trata de una violencia netamente activa. 

En la cultura en la que habitamos hay múltiples lenguajes no verbales, pero que obedecen a nuestras vivencias cotidianas, por eso, aunque aún es preciso visibilizarlo, sabemos que está ahí como una demostración de poder; porque desea imponer su presencia sobre las otras; porque sabe que casi nadie se atreverá a confrontarlo; porque su presencia ya irruptora, su corporalidad y los significados de la masculinidad sobre ésta, sumados a la historia de violencia permitida y cometida por los hombres en los espacios públicos amedrentan a las mujeres en general, el temor a las respuestas masculinas “si se enoja”.


También, porque sabe que, si alguna se atreve a confrontarlo, la mayoría guardará silencio actuando bajo el temor al conflicto o bajo la apatía contemporánea del no involucramiento, en el mejor de los casos. 


En tanto, él dispone de todo un bagaje de lenguajes; ya sea de chantaje que más o menos querrá significar: “no hago nada malo aquí”, “no te estoy molestando”, “vengo tranquilo”, como hacen los violentadores en los espacios íntimos, negando el peso de su actuar. Se trata de gaslighting[2], una forma de abuso psicológico que consiste en hacer dudar al entorno o a la víctima de su propia percepción. En este caso, el agresor intenta culpabilizar a aquella que lo señala por la irrupción en el espacio que debería ser de seguridad.

La otra posibilidad es que use desde lenguajes no verbales hasta explícitos o físicos en donde agreda a quien se atreva a señalarlo.


En cualquiera de los dos casos el mensaje es concreto: “Estoy demostrando que puedo quedarme, aunque a las mujeres les incomode” -más probablemente, porque nos incomode-.

Incluso, hay argumentos en donde enuncian estar cometiendo algún tipo de acto heroico por negarse a ser “exiliados” o “discriminados”, según la egoísta lectura que hacen de una acción afirmativa. En donde lo que les preocupa es que no se les niegue ningún espacio -todo el mundo para ellos-, en donde no importa el acoso que otras sufren, lo primordial es que ellos se ofenden de que le pudieran considerar entre los acosadores -imposible, ¿no?-. No importa que las mujeres nos sintamos o no a salvo, cómo nos atrevemos a querer estar cómodas sin ellos. Nada nuevo, los gestos de egoísmo de cualquier narcisista que sólo mira para sí.


Un instrumento más de violencia con el que cuenta el agresor, es con la certeza de que alguna o algunas mujeres habrán de defenderlo. Algunas dirán que no estaba haciendo nada, porque el gaslighting funciona y es difícil demostrarlo. Otras, enseñadas en la necesidad de aprobación masculina, querrán congraciarse con él.

Cualquiera de esas defensoras narrará que hay otras mujeres que empujan y son agresivas en el transporte público, que son iguales o peores que los hombres. Sin embargo, una siempre puede sospechar de que, a pesar de sus quejas, ellas eligen, de todos modos y a todo costo, viajar entre mujeres y no en el espacio mixto, ¿por qué será?

Aquí, es posible identificar otra técnica de violentador: el que violenta en privado busca la manera de aislar a la víctima, hacerla ver como mala, tonta o agresiva para que no tenga aliadas alrededor. Así es como en la violencia del ámbito de lo “privado”, la agredida se encontrará juzgada por la vecina, por la colega, por aquella a la que enseñaron a ser la rival. De igual manera, el violentador del transporte público cuenta con la enseñanza cultural que atomiza, enemista a las mujeres y hace ver a la que reclama como la loca, la histérica, la exagerada. Como nadie quiere ser esa, otras mujeres se apresuran a señalarla -no sea que se piense que es del mismo tipo de mujer- o, a corregirla para que sepa que no puede-debe ser tan agresiva, ¿Cómo se le ocurre querer un espacio propio? Lo logra, así nos deja aisladas.

Más aún, cuando son las novias, las esposas, las amigas con las que ese hombre llega a ingresar al transporte público, no tiene más que hacer un gesto de incomodidad, no tiene más que mirarla dulcemente o abrazarla con intensidad. Automáticamente, tendrá la palabra, la furia y el cuerpo de esa mujer para protegerlo, para convertir en antagonistas a unas y a otras, y, para enseñarle a ella, a su defensora, que no cuenta con nadie más en el mundo porque las otras mujeres son malas -con él-. Eficaz pedagogía para dejarlas y dejarnos solas.

Entonces, un hombre en las zonas de mujeres del transporte público, lo que está haciendo es violentar, incluso “castigar” a las mujeres que salimos a la calle. Su presencia puede equipararse desde la violencia que ejercen en “lo privado” trasladada al espacio que nosotras consideramos público. Así, como todo acto de transgresión del espacio personal, el acto de transgresión del espacio colectivo de las mujeres, no es un acto incidental, es el lenguaje intencional de un agresor de mujeres y que el fenómeno ocurra cotidianamente con impunidad, vuelve esa acción más ofensiva. 

Ese hombre, el narcisista público, lo que hace, es encarnar la cultura de misógina, transgresión e imposición hacia los cuerpos y las vidas de las mujeres que impera en esta ciudad.


[1] Universidad Veracruzana. VIOLENCIA Y AGRESIVIDAD https://www.uv.mx/cendhiu/general/violencia-y-agresividad/


[2] Pozueco y Moreno (2013). LA TRÍADA OSCURA DE LA PERSONALIDAD EN LAS RELACIONES ÍNTIMAS en Boletín de Psicología, No. 107. España, pp 21-91

martes, 4 de abril de 2017

SOMOS LAS NIETAS...

Es cierto, somos las nietas de las brujas que no pudieron quemar, de las campesinas que escaparon a la esterilización y de las presas politicas que pudieron sobrevivir. Sin embargo, compartimos mundo con las nietas del inquisidor, del soldado y del patrón. Ellas también hablan de feminismo y tienen ongs y diplomas de universidad. No podemos cerrar lo ojos con vendas de "sororidad", si queremos sobrevivir. Eso también lo enseñaron nuestras abuelas.

miércoles, 29 de marzo de 2017

OTRO AÑO DESDE AQUÉL VIERNES SANTO

Patricia Karina Vergara Sánchez
Pakave@hotmail.com

Las cuatro habitábamos en la misma calle. Cada una vivía en una casita de interés social. Pasábamos el día asomadas a nuestras ventanas, como hadas encantadas, esperando el atardecer para que su luz trajera el hechizo y saliéramos a jugar, a comer dulces, a charlar.

Crecimos juntas. Cuatro niñas de 8 años jugando con las muñecas; cuatro chicas a los 12 haciendo competencias en las bicicletas; cuatro que a los 14 discutían por quién tenía la blusa más linda. A ti, Lorena, te mataron cuando teníamos 17.

La gente del vecindario se indignó e hizo asambleas y tuvo miedo. Sin embargo, sólo quedó una cruz en la esquina, junto al farol, como el eco de algo muy temible, pero lejano.

Un día tu madre, tu padre y tu hermana cerraron la casa y se marcharon para no volver. Desde entonces nadie pronuncia tu nombre.

¿Cómo explicar tu ausencia permanente?

¿Cómo explicar 20 años en donde diariamente no estás?

No fue el féretro cerrado, que era apenas un sueño siniestro y sin sentido. Para mí, fue cuando tuve que recorrer en silencio la ruta diaria hacia la escuela. Eran los mismos pasos que el lunes anterior habíamos recorrido y tú no podías andarlos más.

Fue, también, que estuviste ausente de la que hubiera sido nuestra fiesta de graduación.
Y, no estabas para comprar esos libros que soñamos tener al ser mayores.
Nunca fui a tu boda, ni te abracé cuando el mundo cambiaba. 

Fue cuando Martha se convirtió en la primera de nosotras en tener una hija y no le diste la bienvenida a esa beba, que era una de las nuestras, de esa pequeña manadita nuestra.

Luego, nació la niña de Valentina y después la mía y tampoco estuviste ahí.

Cuando pasó el tiempo, tu hija hizo falta corriendo con las nuestras por el mismo pavimento en donde nosotras, a su edad, dibujábamos flores y escribíamos con gis los nombres de los países a los que teníamos que viajar algún día.

Muchas veces me pregunto si mi hija alguna vez habrá sentido la falta de la caricia que nunca pudiste darle, si extrañará a esa amiguita que nunca llega a la fiesta de cumpleaños y que no tiene nombre porque nunca pudiste elegir si querías o no hacerla nacer.

¿Un día mis nietas sentirán que les faltan tus nietas creciendo lado a lado, haciéndose compañía?

Así estamos. Así estoy, pues, Lorena.
Sin nombrarte a diario, pero sintiendo constantemente que faltan tus pasos por el camino; tus risas en las fiestas; tus abrazos en los duelos; tus proyectos y los nuestros compartidos.

Estoy huérfana de verte ingeniera o pintora y cada vez que escucho tu canción, me haces falta para contarte, cuántos de nuestros sueños se hicieron o no ciertos. Cuántos de los tuyos arden de saber que sólo fueron palabras de una niña que se quedó niña para siempre, sin llegar al día siguiente.

Hace 20 años fuiste un escándalo en los diarios locales. No pudiste saber que se volvió pesadilla generalizada, 20 años después, aquí, en Cuautitlán Izcalli y en este mismo Estado de México en donde tú y yo crecimos, asesinan y desaparecen niñas todos los días, tantas que los diarios no se dan abasto para contarlo. 

Así estoy hoy, poniendo palabras a este duelo por ti, por nosotras, pero también por todas las generaciones que vienen huérfanas –esa orfandad que yo me sé-. Les hará falta quién habría sido la compañera en la marcha, de la que habría sido la abogada, de la que sería la vendedora de frutas, de la sonrisa en el camino, de todas las promesas postergadas infinitamente en cada ausencia.

Cuánto extrañar, cuántos abrazos vacíos, cuántas, cuántas…

martes, 7 de marzo de 2017

LAS LESBIANAS RESISTIMOS Y EXISTIMOS



Patricia Karina Vergara Sànchez
pakave@hotmail.com

En los últimos meses, en la región, hemos hecho visibles mediáticamente los asesinatos lesbofóbicos en Chile de Nicol Saavedra, de Jessica Patricia González Tovar en México, de Marcela Crelz en Argentina.
A Estefany Stefanell Pérez lesbiana de Colombia, luego de ser acribillada, le agredieron el cuerpo bajándole los pantalones para “comprobar” que su cuerpo era de mujer.
Al recuento de estos lesbicidios habría que sumar la violencia lesbofóbica psicológica, verbal y física vivida en la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia hacia dos lesbianas estudiantas por parte de alumnos de primer semestre Luis Alejandro Parada y Camilo Andrés Cardona; habría que contar que en diciembre pasado despidieron a dos mujeres aspirantes a la Policía Metropolitana en Buenos Aires porque sus compañeros difundieron una foto de ellas besándose, cuando a dos heterosexuales que se besaran no les habrían sancionado y mucho menos en tal magnitud. Fran Petersen, reina del Carnaval en Brasil, en este momento continúa siendo objeto de ataques lesbofòbicos en redes por visibilizar su relación lésbica.
Además de los múltiples reportes de tratos lesbofóbicos en librerías, cines, restaurantes, bares y espacios públicos en Perú, México, Chile, Brasil y Argentina.
Estos son los casos visibles mediáticamente, y ni que decir de las violaciones "correctivas" a lesbianas en la región. Así mismo sabemos que hay un subregistro de la lesbofobia y sabemos, también, que las situaciones de lesbofobia cotidianida sólo son registradas para nuestros entornos inmediatos.
Nos están asesinando y la justicia patriarcal encarcela a la que se defiende, como es el caso de Higui en Argentina, que desde octubre de 2016 está presa por defenderse de diez hombres que intentaron violarla. En legítima defensa, Higui dio un puntazo a uno de sus agresores y luego, ante amenazas de empalamiento y mientras la seguían golpeando, cayó inconsciente. Despertó procesada por homicidio.
Es necesario nombrar la violencia lesbofóbica en todos sus rostros, hay que hacer ver cómo intentan acabar con nosotras.
Hay quienes quieren acabar con las lesbianas desde muy diversos frentes de la heterosexualidad obligatoria. Intentan acabarnos, sí, físicamente, como ya lo mostramos, cuando desde el machismo y la misoginia más vulgar nos agreden, nos acosan, nos golpean, persiguen y discriminan si nos atrevemos a visibilizamos e, igualmente, cuando no nos visibilizamos pero el entorno “sospecha” nuestra desobediencia a la heterosexualidad. 
También, intentan acabar simbólicamente con nosotras desde las grandes financiadoras, corporativas, academias e instituciones que pretenden imponer sobre nuestras colectividades, encuentros y actuancias locales cómo organizarnos y con quién; pretenden condicionarnos recursos, reconocimientos, interlocuciones y hasta “permisos”. En un mismo tiempo y espacio actúan todas aquellas corrientes de pensamiento neoliberal que a las que nos posicionamos desde el feminismo, el feminismo lésbico, nos agreden, ridiculizan o nos convierten en monstruos amenazantes por enunciarnos, por mostrarnos, por querer organizarnos entre nosotras, autodefinirnos, autoreferenciarnos y establecer nuestros propios criterios de afinidad. 
El borrarnos, invisibilizarnos o diluirnos como acciones de destrucción simbólica de las lesbianas, no es nuevo. Históricamente se han construido mitos, burlas y estigmas sobre nosotras, se aprovechan nuestros aportes, sobre todo para el arte, las ciencias y los feminismos, pero se oculta quiénes y desde dónde es que construimos esos aportes y/o buscan suavizarlos, alejarlos de su radicalidad original.
Habría que preguntarnos, entonces, por qué esta saña y violencia específica hacia nosotras y nuestros pensamientos, habría que intuir que no es casual, que no se intenta acabarnos por accidente. Desde nuestras prácticas sexuales y cotidianas, hasta nuestros posicionamientos lesbofeminsitas más radicales, una espina bien molesta debemos ser en el zapato del sistema, una llave al cepo que impone la feminidad patriarcal a los cuellos de las mujeres o, tal vez, sólo somos verdaderamente monstruos cuya existencia es extremadamente desagradable para los intereses de algunes.
Sea pues, hoy 7 de marzo - aniversario del fusilamiento lesbofóbico de Pepa Gaytan y un día antes del Día Internacional de las mujeres trabajadoras-, que no quiero hacer un mero recuento de la violencia lesbofóbica, sino que las lesbianas nos recordemos unas a otras que nos debemos justicia por las que nos han arrebatado y asesinado; que nos debemos trabajo por la libertad de Higui y todas las presas del heteropatriarcado; que es urgente la visibilidad no por la inclusión a un sistema predador, mejor, una visibilidad irruptora e incómoda a la heterosexualidad obligatoria y, sobre todas las cosas, tener presente una lectura, muchas lecturas políticas, de lo que implican las persecuciones hacia la propuesta política lesbiana:
Si el heteropatriarcado quiere acabar con nosotras, es porque nos sabe peligrosas.
A las lesbianas nos están asesinando y encarcelando, pero nosotras resistimos y existimos.
Aunque les pese.

martes, 24 de enero de 2017

SIN FINANCIAMIENTOS PARA EL ABORTO:

El presidente de USA prohibió el día de ayer financiar las ONGs que informaban sobre abortos... las ONGs no funcionaràn sin financiamientos...claro, se acaba su negocio:

Por eso, exactamente por eso, es que las prácticas feministas y las necesidades de las mujeres no pueden depender de los financiamientos ni de los permisos de los "dueños del mundo". 
Este momento histórico nos obliga a cuestionar todo el poder que sobre nuestras vidas y decisiones ha depositado el feminismo liberal en los Estados y en la medicina hegemónica para que dicten sobre nuestros cuerpos.
Hay que retomar nuestros poderes y nuestros saberes. Las mujeres siempre hemos sabido enseñarnos unas a otras cómo abortar, cómo parir, cómo curar y cómo bien vivir.
¿Atentan contra nuestra salud? …pues…
¡Autonomía y Autogestión de la salud, ahora!

ANTE LA MISOGINIA QUE INTENTA SILENCIAR MI CUERPO, OTRA VEZ

Hace no tanto tiempo la sola mención o insinuación de las formas, los procesos y flujos de los cuerpos sexuados de las mujeres se veía como algo sucio, indeseado o pecaminoso y ha sido una lucha difícil -de décadas ya- la reivindicación de nuestras cuerpas. (Todavía es batalla inconclusa en tantos sitios y modos)
Ahora, me dicen que tengo que invisibilizar mi cuerpa y sus procesos fisiológicos, sus necesidades, reivindicaciones y sus placeres porque “ofende” a quien no los tiene. Sin embargo tiene otros, los de su propio cuerpo. 
Si otres no se reconocen cuando hablo de mí, ¡qué bueno!, porque hablo de mí y no de otres ¿Por qué tendría qué ofenderles? 
Cuando otras mujeres se autocensuran a hablar de sus cuerpas, procesos y placeres por corrección política, para no “discriminar” o para que quien no tiene formas o experiencias corporales similares no se incomode, no están cuidando de nadie, están repitiendo el maternaje impuesto hace milenios que posterga sus necesidades o la palabra propia para satisfacción de alguien más.
¿Por qué decir que tengo una vulva y una vagina habría de discriminar a alguien? ¿Qué acaso no hay tooodo un discurso feminista sobre la diversidad de cuerpos? Otres pueden enaltecer el suyo todo lo que quieran, pero cuando me piden-exigen que niegue el mío porque les molesta, eso es reaccionario y se llama misoginia … 
Si tengo que silenciarme sobre mi cuerpa, flujo o mi menstruación, entonces no es mi revolución.

miércoles, 11 de enero de 2017

HETEROINFILTRADA

REFLEXIONES, ACERCÁNDOSE EL DÍA DE LA LESBIANA CONVERSA, 13 DE ENERO.


(Hablemos de heteroinfiltradas)



El patriarcado, como sistema de supremacía masculina, utiliza el cuerpo de las mujeres, -es decir, de aquellas a quienes clasifica por su presunta capacidad paridora-, para obligarnos mediante diferentes formas de coerción, violencia y propaganda a realizar los trabajos reproductivos, de cuidado y de servicio que permiten funcionar al sistema de producción y, como importante estrategia de control, nos atomiza y enemista a las mujeres a fin de hacernos competir para ser poseídas/reconocidas por uno o varios varones -el novio, el jefe, el maestro, el amigo, los asistentes a una fiesta, los hombres en una sala…-, lo cual define nuestro lugar social dentro de este sistema, evita que nos organicemos entre nosotras y garantiza nuestro trabajo gratuito de cuidados hacia los hombres en nombre de aquello que el sistema llama “amor” (el amor romántico y heterosexual).
las propuestas políticas lesbianas son, entonces, desafiar todos los mandatos patriarcales y privilegiar las relaciones de las mujeres con otras mujeres, el amor entre mujeres (distinto al heterosexual y en la búsqueda de no romantizarlo). No solamente como una práctica de lo erótico y afectivo, si no como un reconocimiento de las otras, hacia la vida y las necesidades de las otras. Aquí podemos convocar el trabajo de Adriene Rich quien creo el concepto de "continuum lesbiano" en 1980 para explicar todas aquellas experiencias de las relaciones entre mujeres de amistad, de afecto, de cuidados, de ternura y de sostenimiento mutuo, hasta llegar a las relaciones lésbicas como desafío total al mandato sobre nosotras. Esta propuesta es política porque propone subvertir el orden establecido en el patriarcado, lo cual, desde mi punto de vista implica, arrebatar el cuerpo de las mujeres, de primera instancia, al trabajo de cuidados hacia el sistema y compartirlo hacia nosotras mismas, eso golpea contra las bases mismas que sostienen económica y socialmente este sistema.
Sin embargo, nombrarse lesbiana sigue teniendo costos tremendos en las sociedades occidentalizadas, por lo que llegar a ese lugar político implica un proceso de descubrimiento de la posibilidad lésbica, para algunas de nosotras, incluso de descubrir que la palabra existe y más aún de que podemos apropiarla. Por ello, un grupo de mujeres mexicanas, entre ellas Luisa Velázquez han acuñado el término “lesbiana conversa” y ella explica: “Una lesbiana conversa es una mujer que se creía “naturalmente” heterosexual y que luego de hacer una reflexión feminista sobre la existencia de un sistema patriarcal y heterosexual (esta reflexión no es teórica, es cotidiana, vivencial, y no siempre lleva esas palabras), comienza a dudar de todo lo que el sistema hizo de ella en su mente, en su cuerpo, en sus emociones, y decide arrancarse la idea de que nació “orientada” a darles servicios a los hombres, así que prioriza sus relaciones amorosas con otras mujeres y se convierte en lesbiana. Cuando digo que se convierte en lesbiana me refiero a que la lesbiana conversa deja de desear a los hombres, deja de soñar una vida a su lado, deja de aspirar a ser la mujer que dijeron que debía ser. Cuando digo que prioriza sus relaciones entre mujeres me refiero a que saca uno a uno cada hombre de su vida y en cambio dialoga, trabaja, ama, desea, quiere, sueña, construye utopías, resiste, crea y se relaciona solo con otras mujeres. Debo aclarar que la lesbiana conversa no es una mujer que por un momento vive una relación erótica o afectiva con otra mujer y luego regresa con los hombres, ni tampoco aquella que considera que tiene una sexualidad fluida, bisexual o pan sexual y sigue creyendo que los hombres son imprescindibles en su vida, no, en esos casos no hablamos de lesbianas conversas ni de lesbianas. La lesbiana conversa, en cambio, es una mujer que se atrevió a dejar de ser para ellos, así que sepulta día con día su construcción heterosexual, pero ojo, esto es sin vuelta ni retorno, por eso hablamos de que se convirtió en lesbiana, porque no era lesbiana, pero se ha convertido en una o se está convirtiendo, en cada poro, en cada idea, en cada centímetro de su existencia”
Toda mujer puede hacer este ejercicio feminista de autoreconstrucción política. Es cierto, toda mujer puede ser lesbiana. Sin embargo, es preciso acotar, siguiendo lo expuesto por Luisa Velázquez, que no toda mujer que tiene prácticas eróticas con otras mujeres está participando de la propuesta lésbica, no es una lesbiana conversa. 
Me refiero a algunas mujeres que se dicen “experimentando” o “descubriendo” su posibilidad lésbica, y buscan relacionarse con aquellas que a su vez tienen relaciones establecidas con otras compañeras, monógamas o no, buscando irrumpir en esas relaciones -lo logren o no-. Lo que subyace en esos gestos es una profunda lesbofobia, el terror intrínseco de dejar la heterosexualidad. Intentan demostrar que las relaciones lésbicas no son tan firmes o agradables o “tienen los mismos problemas que las heterosexuales” o son más “frágiles” y para demostrarlo ponen su propio cuerpo. Triste ejercicio. La propuesta política lésbica no es meramente el intercambio sexual con otra mujer, implica una ética política de amor entre mujeres, en plural, es decir entre todas las mujeres de un determinado entorno, no sólo aquella con la que se construye deseo. Cuando una mujer se relaciona con otras desde la competencia y desde la falta de reconocimiento y cuidado de las que participan de un entorno, no está relacionándose de una manera lésbica, si no que está llevando la lógica patriarcal a los espacios de convivencia lésbicos, atomizando y creando conflictos entre las lesbianas. No es una lesbiana conversa, es una heteroinfiltrada. 
Me refiero, también, a aquellas que participan en los espacios lésbicos, reciben afecto, cuidados, participan de las discusiones, se allegan material y reflexiones lésbicas, pero por la tarde vuelven a casa a buscar al novio-marido-amante-amigo queer o heterosexual y le comparten lo que del espacio lésbico han obtenido, es el heteropatriarcado infiltrado.
Me refiero, igualmente, a la académica “amiga” de las lesbianas que se apropia de todo lo que les escucha discutir, de lo que lee en nuestros materiales teóricos, lo digiere, le quita la radicalidad lésbica y lo publica o lo difunde con sus “matices”, aclarando que ella no es “tan radical” o no es tan “odia hombres” como nosotras. Ese es el heteropatriarcado apropiándose de nuestros saberes.
Puedo enumerar otras formas de infiltración, pero no es el fondo del punto al que quiero llegar, por ahora me interesa reflexionar: Sí, todas podemos ser lesbianas, pero no cualquiera se compromete políticamente para llegar a serlo, a dejar de servir al patriarcado heterosexual. Ese es un punto que pretendo poner en la mesa de discusión, cómo nos acompañamos y acompañamos lésbicamente el proceso de politización de tantas lesbianas conversas que ahora despuntan con una sonrisa de irreverencia, mientras, al mismo tiempo, somos capaces de mirar sin buenismos ni abnegaciones ni amiguismos, con honestidad, a quienes encarnan al heteropatriarcado infiltrado en nuestros espacios…

viernes, 6 de enero de 2017

MI CASA

MI CASA
Patricia Karina Vergara Sánchez

Te incomoda que en mi casa no se reciban hombres, que no quiera yo que sepan la dirección, mucho menos que crucen la puerta. Te parece que soy tan misándrica, tan odiadora, tan enemiga de ellos. ¿Cómo es posible que no sonría al machin progre que te acompaña, qué me cuesta serle un poquito simpática sí él es tan sensible, hasta feminista –dice-? 
No importa que ahora no lo entiendas, me guardo para mí y para las mías.
Cuando se acabe el encanto, cuando les compañeres de colectiva o del trabajo se hagan los sordos, cuando incluso tu madre le invite un café porque no entiende tu ruptura con ese “buen muchacho”, cuando tus amigas, que también serán sus amigas, se queden pasmadas por lo que está pasando; mi casa será el único lugar en dónde no puede alcanzarte, el lugar en donde podrías estar a salvo. 
No logrará venir a ser encantador conmigo para ver si en una de esas se me salen datos de dónde estás o para que yo entienda su punto y sienta mis lealtades divididas entre apoyarlo a él o a ti, como te pasará con otras conocidas. Cien veces lo he visto suceder y sucederá cien veces más. 
No te preocupes, no habrá reproches, sólo consuelo y té, árnica si hace falta o misoprostol, en otros casos.
En fin, sólo quería decir que me gusta el papel de lesbofeminista temible y antípática a los maridos-compañeros-novios-amiguetes del colectivo queer-amantes. Sé que es necesario.
No importa lo que hayas dicho de mí antes, sí un día lo necesitas, ven. Mi casa es santuario.